martes, 25 de septiembre de 2018

Prevención de suicidio.


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El suicidio es un fenómeno complejo que tiene la atención de filósofos, teólogos, médicos, sociólogos y artistas a lo largo de los siglos. Según el filósofo francés, Albert Camus, (El Mito de Sísifo), es el único problema filosófico grave.


Debido a que es un problema grave de Salud Pública, el suicidio requiere nuestra atención, pero desgraciadamente su prevención y control no son tarea fácil. Investigaciones recientes indican que la prevención del suicidio, si bien es posible, comprende una serie de actividades que van desde la provisión de las mejores condiciones posibles para la educación de jóvenes y niños y el  tratamiento eficaz de trastornos mentales, hasta el control medioambiental de los factores de riesgo. La difusión apropiada de información  y una campaña de sensibilización del problema son elementos esenciales para el éxito de los programas de prevención.
En 1999, la OMS lanzó el programa SUPRE (SUICIDE PREVENTION – PREVENCIÓN DEL SUICIDIO); una iniciativa mundial para la prevención del suicidio. Este documento forma parte de una serie de instrumentos preparados como parte de SUPRE y dirigidos a grupos sociales y profesionales específicos, particularmente relevantes en la prevención del suicidio. Representa un eslabón en una cadena larga y diversificada que comprende una amplia gama de personas y sectores, incluyendo profesionales de la salud, educadores, organizaciones sociales, gobiernos, legisladores, comunicadores, oficiales de la ley, familias y comunidades.
Estamos particularmente en deuda con la la Dra. Lakshmi Vijayakumar, SNEHA, Chennai, India, , quien preparó una versión anterior de este documento. El texto fue revisado posteriormente por los siguientes miembros de la Red Internacional de la OMS para la Prevención del Suicidio, a quienes les expresamos nuestro agradecimiento:
Dr.  Øivind Ekeberg,  Hospital Ullevăl, Universidad de Oslo, Oslo, Noruega
Profesor Jouko Lønnqvist, Instituto Nacional de Salud Pública, Helsinki, Finlandia
Profesor Lourens Schlebusch, Universidad de Natal, Durban, Sur África
Dr.  Airi Värnick, Universidad de Tartu, Tallinnn, Estonia
Dr. Shutao Zhai, Hospital Médico Universitario del Cerebro, Nanjing, China
Los instrumentos están siendo ampliamente difundidos ahora, con la esperanza de que puedan ser traducidos y adaptados a las condiciones locales – un prerrequisito para su efectividad. Los comentarios y las solicitudes de permiso para traducirlos o adaptarlos serán bienvenidos.
Dr.  J. M. Bertolote
Coordinador, Trastornos Mentales y Cerebrales
Departamento de Salud Mental y Toxicomanías
Organización Mundial de la Salud
Fuente: WHO
Imagen:  Lower Columbia College en Flickr

Roudinesco: “El sujeto ya no quiere saber lo que pasa en su inconsciente”


Cuestionó las terapias urgentes, un rasgo de época, y la tendencia  a una medicalización no siempre necesaria.
Foto: Emmanuel Fernández
Elisabeth Roudinesco: Defendió el enfoque psicoanalítico, muchas veces cuestionado por no ofrecer “una cura rápida”, pero aseguró que puede modernizarse.
En una época de violencia creciente, en que la proliferación de las psicoterapias alternativas ofrecen y promueven el alivio urgente del malestar psíquico y se llega incluso a la indicación de todo tipo de medicamentos, el psicoanálisis debe ser  capaz de reinventarse para no desaparecer, en una era que ha relegado lo psíquico, y la palabra, para ponderar lo químico. Eso piensa la francesa Elisabeth Roudinesco (París, 1944), considerada la mayor especialista en la historia del psicoanálisis, y autora de una biografía de referencia de Sigmund Freud.
De paso por Buenos Aires, donde llegó para concretar una serie de actividades, invitada por la Biblioteca Nacional y el Institut Français d’Argentine, con el apoyo de Penguin Random House, esta intelectual de renombre internacional planteó la necesidad de que la comunidad psicoanalítica reformule sus enfoques históricos, a través de un diálogo fecundo con la historia, la filosofía y las ciencias sociales.
Fue en el marco de la conferencia magistral que dictó el martes en la Biblioteca, titulada El psicoanálisis como revolución de lo íntimo, y que tuvo relación con su libro, aún inédito, Dictionnaire amoureux de la psychanalyse (Plon/Seuil), un “diccionario amoroso del psicoanálisis” que se publicará en octubre en Europa, y en el que analiza cómo esta disciplina se nutrió de la literatura, el cine, el teatro y la mitología para transformarse en una suerte de “cultura universal”.
En la Argentina -donde acaba de publicarse, a su vez, El inconsciente explicado a mi nieto (Libros del Zorzal), un libro de divulgación para chicos y adolescentes-, Roudinesco alertó sobre el avance de “las psicoterapias múltiples, características del siglo XXI” y cuyo éxito, entiende, es resultado de una época “signada por la individualidad narcisista que se define por el culto a la felicidad, el interés por el cuerpo, la búsqueda de la salud, la superación de toda frustración sexual; toda una temática del desarrollo personal en que el sujeto se piensa a sí mismo como el centro del mundo, y es igual de neurótico que quienes lo precedieron, si no más. Todos los historiadores han notado que se sustituyó a Edipo por Narciso. Las neurosis actuales son neurosis narcisistas”, dijo.
En su visión, las psicoterapias alternativas que se replican en Occidente “residen en la idea de que la voluntad individual es más potente que el peso del pasado, y determina el destino del sujeto. Y están directamente ligadas a los medicamentos que se aplican, no ya al tratamiento de la locura, sino a todo tipo de neurosis”.
“Pasamos, así, de una situación histórica –donde el psicoanálisis ofrecía medios para sanar su subjetividad deshecha o descentrada- a un estado, globalizado, en que el sujeto, convertido en un depresivo, ya no quiere saber qué pasa en su inconsciente. Este sujeto posmoderno reivindica prácticas sexuales, experiencias individuales, desempeños, y no una subjetividad, como piensa el psicoanálisis: los pacientes actuales pasan 30 años probando un poco de todo, se atiborran de terapias, y vuelven al diván sin noción de quienes son”, definió. También la psiquiatría está en crisis, dijo, por un enfoque excesivamente biologicista. 
En una encendida defensa de la disciplina a la que dedicó su vida, y reconoce “en crisis”, Roudinesco argumentó que “se le reprocha al psicoanálisis que no siempre aporta a una cura rápida pero los tratamientos superficiales han legado solo promesas de felicidad.” En cambio, piensa, “el psicoanálisis puede aportar todavía respuestas originales, aunque con un rostro diferente al que hemos visto hasta ahora”.
Durante su estadía porteña detalló en este sentido que para evolucionar al ritmo del mundo, “el psicoanálisis tendría que volver a leer a Freud y cambiar los modos de formación de los terapeutas. Y pensar en terapias más cortas, en recibir al paciente cara a cara y no tumbado en el diván, así como aceptar tratar a cualquier persona, igual que lo haría un médico en el hospital. Hoy podemos hablar de terapias de semanas, incluso, en la posibilidad de trabajar sobre un problema concreto.” En la Biblioteca Nacional, la actual presidenta de la Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatría y el Psicoanálisis y directora de Investigación en la Universidad de París VII Denis Diderot acompañó también a su director, Alberto Manguel, y a Ezequiel Martínez, director de Cultura de esta institución, en la inauguración del Centro Argentino de Historia del Psicoanálisis, la Psicología y la Psiquiatría -al que ya llaman “Centro Psi”-, que funcionará, allí bajo la dirección de Alejandro Dagfal y ya cuenta con archivos personales de Enrique Butelman, Jaime Bernstein, Celes Cárcamo, José Bleger y Oscar Masotta, entre otros. Además, esta semana la psicoanalista participó de una presentación en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) -que contó con la presencia de Virginia Ungar, flamante presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional, IPA- y de otra que se concretó en Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Elisabeth Roudinesco (París, 1944) es la principal historiadora del psicoanálisis mundial. Su obra capital es la historia en tres tomos de la disciplina creada por Freud, titulada “La batalla de los cien años. Historia del psicoanálisis en Francia”. Es profesora de Historia de la Universidad de París VII Denis Diderot. Fue discípula de Tzvetan Todorov, Gilles Deleuze y Michel Foucault y amiga de Jaques Derrida y Louis Althusser. Sus obras -más de veinte ensayos sobre psicoanálisis, filosofía y judaísmo- se tradujeron a más de 30 idiomas. En 1997 publicó el “Diccionario del psicoanálisis” junto a Michel Plon, y en 2011, la monumental biógrafía “Lacan: Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento” (Fondo de Cultura Económica, 1994), a la que le siguió, en 2014, otra sobre el padre del psicoanálisis, “Freud en su tiempo y en el nuestro” (Debate, 2015), galardonada con el Premio Décembre 2014 y el Prix Littéraires 2014.


sábado, 1 de julio de 2017

Confirmado: tomarse “selfies” es un trastorno mental

Lo determinó la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) a partir de un estudio que asegura que las personas amantes de las “autofotos” sufren de un trastorno denominado “selfitis”.

La moda “selfie” inunda las redes sociales a tal punto que se consideraba, a voz popular, que quienes participaban de esto debían de tener algún trastorno ya que para muchos es extraño ver como otra persona puede admirarse tanto como para no darse cuenta que traspasa los límites entre personal y social.
A esto se le suma la increíble facilidad de algunos por exponerse tanto ante otros, situación que se toma como un signo de inmadurez y que si bien podría ser aceptaba en adolescentes, no es bien vista cuando ya son mayores las personas que muestran este comportamiento.
Esto que muchos piensan fue confirmado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), durante su reunión anual celebrada en Chicago, donde se presentó un estudio que determina quelas personas amantes de tomarse “selfies” sufren de un trastorno denominado “selfitis”.
Los especialistas lo definen como “el deseo compulsivo obsesivo para tomar fotos de uno mismo y publicarlos en los medios sociales como una forma de compensar la falta de autoestima y para llenar un vacío en la intimidad”.
Asimismo, la APA indicó que este trastorno ocasionado por esta modalidad fotográfica en la persona se puede dar en tres niveles:
– Selfitis Borderline: tomarse fotos de uno mismo, por lo menos tres veces al día, pero sin llegar a compartirlas en sus redes sociales.
– Selfitis Aguda: tomarse fotos de uno mismo, por lo menos tres veces al día, y luego publicarlas en sus redes sociales.
– Selfitis Crónica: tomarse fotos de uno mismo “sin control”, más de 6 selfies al día, y compartirlos en sus redes sociales en repetidas ocasiones.
Los miembros de la APA advirtieron además que no hay cura para este terrible mal, pero que sí existe un tratamiento temporal disponible a través de la terapia Cognitivo-Conductual.

 Tomado de: http://lmdiario.com.ar/noticia/7185/confirman-que-las-personas-que-se-toman-selfies-padecen-de-un-trastorno-mental#.WHjq79QRMak.facebook

miércoles, 14 de junio de 2017

Salud Mental y Derechos Humanos

 Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Problemas sistémicos relacionados con la salud mental

El derecho a la salud conlleva el derecho de sus titulares a un sistema de salud que promueva el máximo nivel de salud. Las cuestiones que se indican a continuación son particularmente pertinentes en el contexto de este principio y a los efectos de la disponibilidad, aceptabilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud mental
La valoración de la salud mental:

En el contexto de la salud, el concepto de paridad de tratamiento alude al hecho de valorar la salud mental en pie de igualdad con la salud física.

Desde un punto de vista normativo, el marco que establece el derecho a la salud no crea una jerarquía en que la salud mental esté por debajo de la salud física. Dada la estrecha relación entre la salud física y la mental, se requiere un planteamiento que conceda igual valor a ambas y, sin embargo, la falta de paridad de tratamiento y la consideración preferente de la salud física sigue siendo la perspectiva dominante. Como consecuencia de ello, entre otras desigualdades, la salud mental recibe menos recursos humanos y financieros, y muchos centros de salud mental están deteriorados y tienen normas de higiene más bajas y menos servicios. También los datos y las investigaciones sobre la salud mental presentan importantes lagunas, particularmente en lo tocante a la situación de los derechos humanos de las personas con problemas de salud mental y de los usuarios de los servicios de salud mental y al efecto de las medidas de política.
Informe completo... 



martes, 13 de octubre de 2015

Un seguimiento a 20 años revela que los antipsicóticos no reducen los síntomas psicóticos en esquizofrenia

Un estudio longitudinal de 20 años ha puesto de manifiesto que los antipsicóticos no reducen la frecuencia de síntomas psicóticos en pacientes con esquizofrenia, al compararlos con personas con esquizofrenia que no estaban recibiendo ningún tipo de medicación psiquiátrica.
El objetivo del estudio, publicado en la revista Psychological Medicine y dirigido porMartin Harrow, ha sido evaluar si el consumo de antipsicóticos continuado a lo largo de los años reduce o elimina la actividad psicótica en pacientes con esquizofrenia. Para ello, se realizó un seguimiento de 139 individuos (70 personas con trastornos del espectro de la esquizofrenia) a los 2, 4,5, 7,5, 10, 15 y 20 años después de su ingreso hospitalario por psicosis.

Los medicamentos antipsicóticos son considerados la piedra angular para el tratamiento a corto y a largo plazo de la esquizofrenia, de acuerdo con los estudios que confirman su eficacia para reducir el periodo de psicosis intensa durante la hospitalización, y de los estudios de doble-ciego realizados con pacientes ambulatorios durante un periodo de seguimiento de 6 meses a 2 años de tratamiento. Sin embargo, no existen estudios que hayan evaluado los efectos de un tratamiento continuado con antipsicóticos más allá de este periodo, por lo que tal y como afirman los investigadores no se conoce nada acerca de los efectos de los antipsicóticos en comparación con el placebo más allá de los tres años.

Según las directrices de la Asociación Americana de Psiquiatría, los médicos deben considerar la suspensión del tratamiento con antipsicóticos en pacientes con esquizofrenia que hayan estado libres de síntomas durante un año o más. Sin embargo, tal y como afirman los autores, “muchos médicos asumen que los antipsicóticos son importantes para garantizar una estabilidad continuada y mantienen el tratamiento con antipsicóticos de manera indefinida”.

Con la finalidad de comprobar los beneficios a largo plazo del tratamiento farmacológico en esquizofrenia, los investigadores evaluaron la presencia de síntomas psicóticos (alucinaciones, delirios, pensamiento desorganizado…) y gravedad de la sintomatología (ingresos hospitalarios, funcionamiento diario, etc.) durante diferentes evaluaciones a lo largo de un periodo de 20 años, y realizando una comparación entre los individuos con esquizofrenia que estaban con medicación antipsicótica en cada seguimiento (grupo 1), los que tomaron medicación antipsicótica en algún momento, pero no en todos (grupo 2) y los que no tomaron ninguna medicación antipsicótica a partir de los 2 años (grupo 3).

Al comparar el grupo de pacientes con esquizofrenia con tratamiento con antipsicóticos (grupo 1) frente al grupo de pacientes con esquizofrenia que no habían tomado ningún tipo de medicación antipsicótica ni psiquiátrica (grupo 3), los resultados muestran que más del 70% de los pacientes con esquizofrenia tratados de manera continua con antipsicóticos presentó algún tipo de manifestación de psicosis en 4 o más de las seis evaluaciones de seguimiento realizadas en 20 años. Longitudinalmente, las personas con esquizofrenia que no habían recibido tratamiento con antipsicóticos presentaron significativamente menos síntomas psicóticos en comparación con los pacientes tratados farmacológicamente”. Por ejemplo, a los 4,5 años el 76% de los individuos del grupo 1 presentaba algunos síntomas psicóticos, en comparación con el 27% de los del grupo 3. A los 20 años, el 56% de los individuos del grupo 1 presentaba sintomatología psicótica frente al 24% del grupo 3.

Tal y como afirman los autores del estudio, si bien no se pueden extraer explicaciones de causalidad, debido a la naturaleza del estudio, al menos “estos resultados sugieren que, en sentido longitudinal, los antipsicóticos no son eficaces en la eliminación o reducción de la psicosis en la mayor parte de las personas con esquizofrenia”, es decir, pasados los primeros dos años de tratamiento, los antipsicóticos no eliminan la frecuencia de los episodios psicóticos, ni reducen la gravedad de la psicosis post-aguda en personas con esquizofrenia, por lo que se plantean serias dudas sobre los beneficios del mantenimiento de este tipo de tratamiento farmacológico, como norma general, más allá de ese periodo.

Fuente:

SE CUESTIONA LA EFICACIA DE LOS FÁRMACOS ANTIPSICÓTICOS

Un nuevo hallazgo ha hecho saltar la voz de alarma sobre la eficacia de los fármacos antipsicóticos de segunda generación, habitualmente utilizados en trastornos como la esquizofrenia u otros trastornos esquizoafectivos, y entre los que se encuentran el aripiprazol, la iloperidona, la olanzapina, la paliperidona, la quetiapina, la risperidona, la inyección de risperidona de larga duración o la ziprasidona. Tal y como ha publicado un estudio de la revista PLoS Medicine, la aparente efectividad clínica de estos fármacos puede estar influida por el denominado sesgo de publicación, que consiste en la tendencia a la publicación selectiva de ensayos clínicos favorables en revistas científicas, en detrimento de los ensayos que no han obtenido dichos resultados.

El estudio, titulado Publication Bias in Antipsychotic Trials (Sesgos de publicación en ensayos sobre antipsicóticos), ha comparado los ensayos clínicos registrados en la base de datos de la agencia encargada de la aprobación de la comercialización de medicamentos en EE.UU. (U.S. Food and Drug Administration, FDA) con los ensayos finalmente publicados en revistas científicas. De los 24 ensayos clínicos realizados antes de la comercialización de los fármacos y registrados en la FDA, al menos 4 ensayos no han sido aprobados para su publicación, mostrando todos ellos resultados negativos sobre la eficacia de los antipsicóticos analizados. En concreto, 3 de estos ensayos no encontraron diferencias clínicamente significativas entre el antipsicótico en cuestión y un placebo, y un estudio encontró que el nuevo antipsicótico era incluso significativamente menos eficaz que otro fármaco menos costoso.
Al analizar el total de 20 ensayos publicados en revistas científicas, los autores de la investigación advierten de la existencia de unsesgo en la dirección de ensalzar las propiedades terapéuticas de los antipsicóticos analizados y enmascarar los resultados negativos. Por ejemplo, aunque los estudios que analizaron la eficacia de un nuevo antipsicótico, la iloperidona, encontraron que su eficacia era significativamente inferior a la de otros tres psicofármacos presentes en el mercado, esta información fue, paradójicamente, omitida en los artículos finalmente publicados en las revistas correspondientes.
Los autores establecen que, aunque los sesgos de publicación que han encontrado en la literatura científica sobre los nuevos antipsicóticos no son tan notorios como los encontrados en estudios similares sobre antidepresivos, los resultados ponen en evidencia que no se está aportando toda la información a la comunidad científica, ni con la precisión que se requiere, a pesar de la transcendencia que tiene a la hora de determinar las decisiones clínicas en el tratamiento de las personas afectadas. Asimismo, señalan la necesidad de ampliar los estudios sobre sesgos de publicación en este campo, con el objetivo de comprender la verdadera magnitud del problema.
Los resultados encontrados hasta el momento por este grupo de investigación, dirigido por Erick H. Turner, siembran de nuevo la duda sobre los intereses que hay detrás de los ensayos clínicos, subvencionados, en su inmensa mayoría, por las propias industrias farmacéuticas. De confirmarse la existencia de más estudios sobre la ineficacia de los fármacos antipsicóticos frente a un placebo, la validez del modelo farmacológico que impera en nuestros días para tratar los trastornos mentales no se sostendría bajo ningún argumento científico ni ético.

Tal y como publicaba hace unas semanas Infocopno es la primera vez que se pone en duda el tratamiento farmacológico en salud mental, ni que se advierte sobre el peligro de que la industria farmacéutica haya comenzado a adquirir demasiado poder e influencia en la forma de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla (ver aquí). Prestigiosos científicos e investigadores, de muy diferentes ramas de la ciencia, han manifestado abiertamente sus críticas a este respecto. Así, Daniel Carlat, conocido psiquiatra de EE.UU, ha aportado datos objetivos que muestran las peligrosas alianzas entre la psiquiatría y las empresas farmacéuticas (más información aquí) y Robert Whitaker ha publicado un libro en el que, basándose en los hallazgos sobre los daños irreparables en el cerebro que produce el consumo de antipsicóticos a largo plazo, reflexiona sobre la conveniencia de este tipo de intervención en salud mental (más información aquí).
Fuente:
PLoS Medicine





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